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EL DERECHO ROMANO

   El derecho romano, elaborado durante varios siglos por el pueblo de Roma, constituye junto con la cultura griega y el cristianismo la base sobre la que se sustenta la civilización occidental (la nuestra) y es, sin duda, la principal aportación de los romanos a la Humanidad.
Las relaciones entre los ciudadanos se rigieron durante mucho tiempo por preceptos jurídicos inspirados en la tradición y la costumbre (mos maiorum). Estos preceptos eran interpretados y aplicados por los magistrados y los pontífices.


Las Leyes de las XII Tablas
Ante la protesta de la plebe por la arbitrariedad de los magistrados en la interpretación de las normas jurídicas, una comisión de diez varones (decemviri), hacia el 450 aC, se encargó de redactar un código escrito, las “Leyes de las XII Tablas”, que constituyó el fundamento de toda la vida jurídica (del derecho público y del derecho privado) hasta la segunda mitad del siglo III aC. En este código se legisla sobre la familia, sobre las obligaciones del ciudadano, sobre testamentos, sobre la propiedad de la tierra y sobre los delitos públicos y privados. Estas leyes se aplicaban tanto a patricios como a plebeyos, es decir a todos.

El Ius Civile
A partir de las “Leyes de las XII Tablas”, el derecho descansó en las palabras de la ley escrita, no en la subjetiva interpretación de los pontífices y magistrados. El derecho romano se fue convirtiendo en un derecho objetivo. Además, el ciudadano comenzó a regirse, también, por las leyes que se aprobaban en las asambleas por centurias y por tribus.
Todo este conjunto de leyes y los preceptos jurídicos heredados de los antepasados constituyeron el ius civile o ius quiritium (derecho civil romano).
Entrado el siglo III aC, en Roma se produjo una gran revolución social y económica por las permanentes reivindicaciones de la plebe y por las progresivas conquistas de territorios. Estos cambios necesitaron una adaptación jurídica a la altura de las circunstancias.
Esta labor la realizaron los juristas y pretores fundamentalmente. El ius civile, por tanto, fue enriqueciéndose constantemente a lo largo de la época republicana.

El Ius Gentium
El ius civile sólo era aplicable a los ciudadanos romanos. Al lado de este orden jurídico, se estableció en Roma otro código paralelo, el ius gentium (derecho de gentes), que regulaba las relaciones de Roma con otros pueblos aliados, clientes o sometidos, y las relaciones particulares de los hombres libres de esos pueblos con los romanos.
Junto a este nuevo código jurídico surgió la figura del praetor peregrinus (año 242 aC), magistrado encargado de administrar justicia entre ciudadanos romanos y extranjeros.
El ius gentium dejará de tener sentido al extenderse la ciudadanía a todo el Imperio en tiempos del emperador Caracala (año 212 aC).

El derecho en época Imperial
En época imperial, los poderes legislativos que hasta entonces habían sido de las Asambleas, pasaron a manos del Senado. Éste promulgaba leyes, pero sólo aquellas que habían sido aprobadas previamente por el emperador. Poco a poco el poder legislativo del emperador reemplazó a las anteriores fuentes del derecho y los emperadores podían revisar y revocar cualquier sentencia.
Las constituciones Imperiales, por este motivo, se convirtieron prácticamente en la única fuente de derecho. Como era lógico, para poder desempeñar esta función, los emperadores tuvieron a su lado a expertos juristas, que les ayudaban a resolver los asuntos legales.

Fuentes del Derecho
Las fuentes del derecho romano son muy diversas y complejas, y cambian según la época. Entre las más importantes se pueden distinguir:
 - La tradición y la costumbre, que son las primeras fuentes del derecho romano. Los pontífices, desde los primeros tiempos de Roma, se encargaban de juzgar si un acto estaba de acuerdo o no con el mos maiorum (la costumbre).
 - Las Leyes de las XII Tablas, primer texto legal escrito sobre algunas normas de derecho público o privado, código que fue elaborado para evitar que los plebeyos sufrieran, por ignorancia del derecho, arbitrariedades de los magistrados.
 - Los plebiscitos emanados de los concilia plebis, que obligaban sólo a la plebe. A partir del siglo III aC tuvieron validez también para los patricios.
 - Las leyes aprobadas por el pueblo de los comicios y refrendadas por el senado hasta la época imperial, en la que se imponen los decretos del senado.
 - Los edictos de los magistrados, sobre todo de los pretores, que dictaban las normas que se habían de observar durante el ejercicio de su cargo. Son edictos importantes los de los dos últimos siglos de la República.
 - Los senadoconsultos o decretos del senado. Desde Augusto hasta Diocleciano, solamente el senado tuvo el poder legislativo, pero legislaba siempre a propuesta del emperador.
 - Las constituciones imperiales. A partir de Diocleciano, las normas (constituciones) dictadas por el emperador son las únicas que tienen valor de ley. A partir del siglo III afectan también a la órbita privada.

La Jurisprudencia
La Jurisprudencia (ciencia del derecho) surge a causa de la rudeza de las leyes tradicionales. Ni siquiera las Leyes de las XII Tablas recogían, ni mucho menos, los problemas jurídicos que surgían en la ciudad. Por tanto era preciso recurrir a los jurisconsultos, varones experimentados en la vida pública, que emitían dictámenes y daban consejos por escrito (responsa prudentium).
La jurisprudencia en los primeros tiempos fue ejercida por los pontífices; a partir del siglo III aC se convirtió en un oficio muy respetado.
La jurisprudencia alcanzó su máximo esplendor en los dos primeros siglos de nuestra era, en los que se establecieron escuelas de jurisprudencia bajo la dirección de grandes jurisconsultos: Labeón y Capitón, en la época de Augusto (s. I), y Gayo, en la época de Marco Aurelio (s. II).
Sobresalen como jurisconsultos, por la trascendencia de sus obras, Ulpiano y Paulo, jefes de la guardia imperial y asesores jurídicos del princeps, en la época de los Severos (principios del s. III).

La Codificación Justinianea
Casi un siglo después de desaparecido el Imperio Romano de Occidente, se llevó a cabo la ordenación del derecho (a lo que aspiraron muchos emperadores y no consiguieron hasta este momento): reunir en un solo cuerpo general, un Corpus iuris civilis, sin mezclarlas ni confundirlas, las diversas fuentes del derecho romano, pues muchas de las numerosas leyes contenidas en esas fuentes habían quedado obsoletas y habían perdido vigencia.
Fue Justiniano, emperador de Oriente del s. VI, quien emprendió esta ingente tarea con la ayuda de una comisión formada por Triboniano (como director) y otros dieciséis juristas, que en cinco años (528-533) la dieron por finalizada.
En la elaboración del Corpus iuris civilis justinianeo se han de considerar cuatro bloques o fases:
  1. Codex: es el resultado de la compilación de las constituciones imperiales (leges) desde el emperador Adriano, y de las leyes recogidas en otros códigos ya existentes (Gregoriano, Teodosiano, etc.).
  2. Digesta o Pandectae: recoge lo más válido y prestigioso de los escritos de los juristas (Iura), sobre todo a partir del s. II dC. Consta de 50 libros. Los Digesta van precedidos de un Index de las obras seleccionadas en la redacción.
  3. Instituciones: es un manual elemental destinado a los estudiantes de jurisprudencia, resultado de la compilación de obras de Gayo, Ulpiano, etc. Consta de 4 libros.
  4. Novellae: reúne las Constituciones Imperiales de Justiniano posteriores al Codex. Consta de 4 libros.

Estos cuerpos legales fueron promulgados con fuerza de ley y quedaron derogados todas las leyes y constituciones anteriores.
Justiniano incluso prohibió la confrontación de estos textos codificados con los textos originales.

Compilaciones postjustinianeas
Las necesidades de la enseñanza y de la práctica del derecho obligaron a no respetar la prohibición hecha por Justiniano. A los pocos años se realizaron estudios comparados, compilaciones, glosas e índices del Corpus iuris civilis, que lo dieron a conocer por todo el mundo romano.

Una de las compilaciones que más trascendencia y pervivencia ha tenido es la de los Basílicos o Libri Basilicorum, escrito en griego, del s. IX, donde se refunde todo el material del Corpus iuris civilis justinianeo. De los Basílicos se han realizado muchos extractos. Uno de éstos, el Hexábiblos, tuvo vigencia en el Imperio Bizantino durante el dominio turco, y fuerza legal en Grecia durante el s. XIX.

Superviviencia del Derecho Romano
La historia del derecho romano no termina con el derrumbamiento del Imperio Romano de Occidente; continúa pujante, como se acaba de ver, en el Oriente Romano; sigue a lo largo de la Edad Media, sirviendo de base a las primeras codificaciones medievales (como el Código de Alarico en España, el Código de Gundebaldo en Borgoña…) e incluso a los modernos códigos civiles que aparecen en Europa en el s. XIX, comenzando por el Código Napoleónico.

El derecho romano todavía es una de las disciplinas que se estudian en la mayoría de las Facultades de Derecho del mundo.