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TARRACO SCIPIONVM OPVS

Es el año 218 aC. En el contexto de la Segunda Guerra Púnica las tropas del cartaginés Aníbal apenas han atacado por sorpresa el valle del río Po y se acercan a la frontera de Roma. La estrategia romana: las legiones del general Cneo Escipión entran en la Península Ibérica por Empúries (ciudad aliada de Roma) para terminar fundando un campamento militar sobre una colina y junto a la ciudad ibérica de Kesse. El objetivo: detener el suministro de soldados y alimentos que llegan desde Cartago Nova al norte de Italia, donde se encuentra el ejército cartaginés.


Pasados ​​los doce años de guerra, el 206 aC, los romanos consiguen el control del Mediterráneo y se establecen definitivamente en la zona para comenzar la romanización de la Península Ibérica. Lo primero que hace falta es fortificar el asentamiento, ya que en un primer momento los indígenas no se pueden considerar aliados.

La construcción de la muralla se realizó en dos fases.

Primera fase: construida en torno al año 200 aC. medía unos 4 m. de anchura por 6 m. de altura. Las paredes estaban hechas de grandes piedras irregulares, megalitos (opus siliceum), más un relleno interno de tierra y piedras. De ella se han conservado tres torres: la Torre de Minerva, la Torre del Cabiscol y la Torre del Arzobispo. Se supone que había una cuarta torre bajo el fortín negro. Cada torre tenía una cámara interior con aspilleras para el tiro, pero todas ellas han sido muy modificadas a lo largo del tiempo (sobre todo la Torre del Arzobispo).

Segunda fase: se amplió la muralla hasta el puerto y a lo largo del tiempo fue objeto de reparaciones y reformas. Se conservan pequeñas puertas de acceso para los peatones (posterulae). Es una muralla de más envergadura, con unos 12 m. de altura por unos 6 m. de anchura. Tiene una base de dos filas de megalitos y el resto del alzado está hecho con dos muros de sillares almohadillados (opus quadratum), rellenados con ladrillos de adobe. Muchos de estos sillares tienen marcas de los canteros, algunas de ellas letras del alfabeto íbero. También se han conservado vestigios de las cuatro rampas que permitirían el acceso superior al paso de ronda. Éstas se han conservado como un muro paralelo, como se puede observar en la Bajada del Rosario, en la Plaza del Matadero, en los sótanos del MNAT y de la Casa Canals.

 
La ampliación del recinto amurallado dio pie a la progresiva consolidación de Tarraco. Se definió una red viaria hipodámica intramuros con calles de 6 m. de ancho y manzanas urbanas (insulae). También se trazó el gran colector de aguas residuales de la ciudad. Un gran eje longitudinal norte - sur (Kardo Maximus) unía el puerto con el interior de la ciudad, y otro eje transversal (Decumanus Maximus) atravesaba la ciudad de este a oeste.

La conservación de la muralla era competencia de un cargo público llamado praefectus murorum.