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LUDI CIRCENSES

El circo de Tarraco fue construido a finales del siglo I dC, durante el gobierno de Domiciano, y culminó la transformación urbanística propiciada por la construcción de la sede del Conciliun Prouinciae, formando parte de esta megaestructura del recinto provincial, en la terraza inferior de la acrópolis. Cabe destacar que sus espectáculos estaban íntimamente ligados a las reuniones del Conciliun Prouinciae, tanto a nivel urbanístico como funcional:

La tribuna (pulvinar) del circo constituía un elemento de unión escenográfica y simétrica con la vía central de la Plaza de Representación (el Foro Provincial) y con las escaleras de conexión con el recinto de culto y como no, con la fachada del Templo de Augusto. En esta tribuna se sentaban las autoridades de la ciudad que presidían los juegos y también en ella finalizaban las ceremonias que se realizaban en el circo.



Esta unión arquitectónica iba ligada a la procesión que se hacía antes de empezar los juegos. Se bajaba desde el Templo de Augusto, en la terraza superior, pasando por el centro de la Plaza de Representación del Foro Provincial, en la segunda terraza, hasta llegar al Circo. Esta tipología no es única de Tarraco sino que está estrechamente ligada al tipo de procesiones que se hacían en Roma: bajando desde el Capitolio, pasando por Foro y hasta llegar al Circo Máximo.

El edificio se adosó a una de las ramificaciones de la Via Augusta (que hoy corresponde a la Rambla Vella de la ciudad), y su longitud iba de lado a lado de la muralla republicana, cerrando el tránsito entre la ciudad residencial y el recinto que formaba parte de la capitalidad imperial. Esta fachada meridional constaba de 57 arcadas de unos 7 metros de altura que daban a la Via Augusta. En la parte occidental, en medio de la cabecera, sabemos que se encontraba la llamada Porta Triumphalis, que permitía la salida al exterior de la ciudad. En el lado opuesto a la cabecera se encontraban las carceres o entradas de los carros a la arena.
  
  
El edificio medía aproximadamente 325 metros de largo por 110 y 115 de ancho; se cree que tendría una capacidad de entre 25.000 y 30.000 espectadores, distribuidos en las cavea según su clase social, los juegos eran públicos y gratuitos, pero obviamente ricos y pobres no se sentaban juntos. Seguramente, el circo tuvo más capacidad que la población que tenía la ciudad en el momento de su construcción, pero hay que tener en cuenta que en Tarraco recibía muchos visitantes, y los juegos también eran gratuitos para ellos. La arena medía unos 290 metros de largo por unos 67-77 metros de ancho, y estaba dividida por un amplio muro llamado spina, decorado con elementos arquitectónicos y escultóricos, que incluían el contador con siete delfines de bronce.

 
El sistema de construcción utilizado fue la argamasa encofrada (opus caementicium) para las cimentaciones y las bóvedas que sostenían las gradas y permitían el acceso y la circulación; de grandes sillares (opus quadratum) para el podium y la fachada. Las paredes de soporte quedaban recubiertas con pequeños sillares o piedras irregulares.


El circo de Tarraco se mantuvo en uso hasta la segunda mitad del siglo V, aunque es posible que se siguiera utilizando hasta el siglo VII, ya bajo dominación visigoda.