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LAS VILLAE Y EL COMPLEJO RESIDENCIAL DE CENTCELLES

Las villae eran establecimientos rurales ubicados en el territorio de influencia de la ciudad más cercana. Estaban dotados de un nivel de suntuosidad y riqueza muy por encima de lo que era habitual en la ciudad. Las villae de Tarraco eran aún más lujosas que en otros sectores de la costa catalana.

Estos establecimientos compartían una doble funcionalidad: por un lado tenían una función agrícola, ya que desde ellas se controlaban grandes superficies de cultivo, y por otro una función residencial, ya que no dejaban de ser residencias de familias acomodadas.

Las villae fueron evolucionando siguiendo los esquemas arquitectónicos y decorativos que se desarrollaban en Italia. Las condiciones geográficas y climáticas de los alrededores del ager de Tarragona y la vitalidad y la importancia de la ciudad de Tarraco, propiciaron una ocupación importante del territorio extramuros, sobre todo desde finales del siglo II aC hasta mediados del siglo III dC.



Algunas de estas villae del entorno de Tarragona son: Els Munts (foto superior), El Moro, Parets Delgades, El Cogoll, Els Antigons, Mas d'En Bosc, La Llosa, La Pineda (ver Mosaico de los Peces, en Vida, Muerte, Otivm et Negotivm) y Centcelles.

La villa de Centcelles (ilustraciones inferiores) se encuentra entre el actual casco urbano de Constantí y el río Francolí. La villa romana que conocemos por los restos que han perdurado se construyó en época imperial, entre los siglos I y II dC. Pero antes de esta construcción ya había un pequeño establecimiento rural que aprovechó el potencial agrícola de esta zona próxima al Francolí.















En el s. IV dC se reconstruyó dando paso a una nueva villa caracterizada por la monumentalidad de la parte residencial. De esta época son los restos que actualmente se pueden visitar y admirar. Sobre todos ellos destaca la sala de la cúpula, en el cuerpo central.

La cúpula está revestida con un mosaico que presenta tres franjas horizontales y un gran medallón central. Por debajo de la cúpula, las paredes están decoradas con pinturas murales que representan diferentes escenas.

El mosaico de la franja inferior representa una cacería. Lo primero que se ve nada más entrar por la puerta es un grupo de cazadores con un personaje principal que se separa un poco del grupo. La cacería se desarrolla a ambos lados de la puerta, alrededor de toda la cúpula, mientras que sobre la puerta se representa la villa.

En la franja intermedia se representan diversos pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento. El Buen Pastor se encuentra directamente por encima del grupo de cazadores de la franja inferior.

En la franja superior del mosaico se encuentran representados cuatro paneles con diversas escenas presididas por personajes entronizados y separados entre sí por las estaciones del año.

En el medallón central superior sólo se distinguen dos caras, pues desgraciadamente el estado de conservación no es muy bueno.



Bajo el subsuelo de la sala se encontró una cripta. Este hecho, junto con la suntuosidad del lugar y el topónimo del pueblo de Constantí, hicieron pensar a los investigadores alemanes que estudiaron la villa en un primer momento, que ésta había sido el mausoleo de Constante, hijo del emperador Constantino el Grande. Pero posteriormente se ha cuestionado la funcionalidad funeraria y sobre todo la relación del hipotético mausoleo con la familia imperial.

Actualmente la villa de Centcelles entiende como la residencia de un destacado personaje de la jerarquía eclesiástica o civil, aunque las interpretaciones aún no son definitivas.

A lo largo de la historia, Centcelles ha sido reutilizada continuamente. Primero se transformó en iglesia durante los siglos XII-XIV, posteriormente, a partir del s. XV y hasta mediados del s. XIX, en ermita bajo la advocación de San Bartolomé, y más tarde en masía hasta mediados del s. XX.

A partir de 1959 y hasta 1978 se realizaron excavaciones y restauraciones dirigidas por Helmut Schlunk y Theodor Hauschild, del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid (DAI).

A finales de los años setenta se cedió el monumento al Estado Español y las competencias a la Generalitat de Catalunya. Fue adscrito al Museo Nacional Arqueológico de Tarragona en el año 2000.